Entrenamiento personal
En mis horas fuera del gimnasio seguía dedicando tiempo al entrenamiento personal. Muchas personas confiaron en mí y ver cómo alcanzaban sus objetivos fue una de las experiencias más gratificantes de mi carrera.
Quiero que entiendas tu cuerpo, que tengas claridad y que puedas construir hábitos que te acompañen toda la vida.
No te doy una dieta sin más. Te doy un camino, una guía y un acompañamiento real. Ciencia, empatía y resultados sostenibles. Sin atajos.
Mi relación con la nutrición empezó mucho antes de estudiar la carrera. A los 15 años entré por primera vez en un gimnasio y ahí descubrí una pasión que me marcó para siempre.
Aprendí, me formé, me equivoqué y vi de cerca lo fácil que es caer en manos de personas sin preparación.
Esa mezcla de curiosidad, experiencia y ganas de ayudar me llevó a especializarme en obesidad, nutrición deportiva, microbiota y salud metabólica.
Hoy sigo estudiando y actualizándome para que mis pacientes reciban pautas basadas en evidencia, no en modas.
Aunque hoy mi trabajo se centra en la nutrición, una parte esencial de quién soy nace en el gimnasio. Empecé a entrenar con 14 años y, más de 25 años después, el ejercicio sigue siendo una de las columnas principales de mi vida.
Esta etapa no fue un simple “pasado fitness”. Fue la base práctica que me enseñó algo clave: el cuerpo no se cambia con teoría suelta, sino con contexto, criterio y constancia.
Creo profundamente en la prevención desde la infancia. Por eso soy responsable de la alimentación en residencia escolar y colaboro con programas de salud en colegios.
Trabajar con niños me recuerda que la educación nutricional puede cambiar vidas y que cuanto antes empecemos, mejor.
Mi forma de trabajar no consiste en darte normas para siempre. Consiste en ayudarte a entender qué hacer, por qué hacerlo y cómo sostenerlo sin vivir a dieta.
Trabajo para que entiendas mejor tu caso, tomes decisiones con sentido y dejes de depender de soluciones improvisadas.
Antes de dedicarme al 100% a la nutrición, entrené a personas durante años. Eso me dejó algo que hoy marca mi forma de trabajar: contexto real.
En mis horas fuera del gimnasio seguía dedicando tiempo al entrenamiento personal. Muchas personas confiaron en mí y ver cómo alcanzaban sus objetivos fue una de las experiencias más gratificantes de mi carrera.
Cuando algo te apasiona de verdad, cuidas cada detalle. Atención real. Seguimiento cercano. Confianza en el proceso.
Entrenamientos grupales que crecieron día a día. Llegamos a competiciones como Basilisk o Spartan Race. Trabajo real. Personas reales.
Frío, calor o chaparrón: siempre estaban allí. Fueron años que dejaron huella.
Cada día dirigía tres grupos distintos, cada uno con su nivel de intensidad.
Aprovechábamos todo lo que teníamos: material, espacio, creatividad… y ganas.
No solo entrenábamos: acabamos formando una familia.
Llegamos a reunir a más de 80 personas cada semana, compartiendo esfuerzo, motivación y buen ambiente.
